Para confrontar lo inconfrontable
tuve que aceptar lo inaceptable
porque al entender lo inentendible
pude razonar lo irrazonable.
Y al comunicar lo incomunicable
supe apreciar lo inapreciable
porque es cuestión inobjetable
saber a la theta saludable.
Ya el tiempo no afecta la cordura
pues liberada esta la emoción
y desvanecida la consideración
de operar con serenidad pura.
Mi razón ya no es cuestionada
mi conducta tampoco criticada
porque para ser purificado
es de espíritu estar aclarado.
Cuando las carnes me falten, la riqueza que llevaré estarán atesorados en el cofre de mis vivencias multicolores: El verde, recuerdos de personas que la nostalgia no me permiten olvidar. Rojo, pasiones que sonrojaron a curiosas vecinas, en noches de desenfreno. Amarillo, color predilecto, determina la autoestima y el poder de la energía creativa. Violeta espiritualidad y Blanco, pureza e ingenuidad, diamantes buscados a lo largo de los desgastados caminos de este peregrino transitar.(*)
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